18-03-2023, 02:44 PM
(Última modificación: 19-03-2023, 02:20 PM por QuintoPiso.)
El asunto quedó así, aunque noté que Juan no había vuelto por el bar. Una noche, después de haber tenido sexo con Lindsay, no aguanté la curiosidad y le pregunté por él.
—Invítame a comer y te cuento todo el rollo —me contestó socarronamente.
Fuimos a cenar a la Surtidora de la 22; una vez saciada el hambre, Lindsay empezó su relato. Nuestro común amigo le planteó que pasaran juntos un sábado, que lo maquillara, lo vistiera con ropa de mujer, él la traería, para luego salir de compras por varios centros comerciales de la ciudad. No mencionó sexo y Lindsay le dijo que no había problema, pero que ella cobraba $300 mil por el día. Juan inmediatamente aceptó y programaron la salida.
Quedaron de verse el siguiente sábado a las 9 a. m. en unas residencias que brindaban alojamiento por días, llamadas Al Paso, en la calle 25 con carrera 15 A. Me cuenta Lindsay que el solo maquillaje le tomó casi dos horas, porque Juan tenía una barba muy cerrada. El hombre llevó peluca, ropa interior, vestido, zapatos, cartera, etc. Todo nuevo y de marca. A mediodía salieron en el auto de Juan, en dirección al Centro Comercial Andino, donde almorzaron, fueron de shopping, se tomaron fotos, algunas de las cuales Lindsay me muestra orgullosa de su trabajo; es impresionante lo que puede hacer el maquillaje. A eso de la 5 p. m. regresaban a las residencias en el Santafé, Juan era desmaquillado y recuperaba su habitual indumentaria. Después, cada uno para su casita.
La rutina sabatina se repitió en diferentes centros comerciales, Unicentro, Hacienda Santa Bárbara, Bulevar Niza. Ya existía tal confianza entre ellos, que Juan le hacia costosos regalos a Lindsay.
—Invítame a comer y te cuento todo el rollo —me contestó socarronamente.
Fuimos a cenar a la Surtidora de la 22; una vez saciada el hambre, Lindsay empezó su relato. Nuestro común amigo le planteó que pasaran juntos un sábado, que lo maquillara, lo vistiera con ropa de mujer, él la traería, para luego salir de compras por varios centros comerciales de la ciudad. No mencionó sexo y Lindsay le dijo que no había problema, pero que ella cobraba $300 mil por el día. Juan inmediatamente aceptó y programaron la salida.
Quedaron de verse el siguiente sábado a las 9 a. m. en unas residencias que brindaban alojamiento por días, llamadas Al Paso, en la calle 25 con carrera 15 A. Me cuenta Lindsay que el solo maquillaje le tomó casi dos horas, porque Juan tenía una barba muy cerrada. El hombre llevó peluca, ropa interior, vestido, zapatos, cartera, etc. Todo nuevo y de marca. A mediodía salieron en el auto de Juan, en dirección al Centro Comercial Andino, donde almorzaron, fueron de shopping, se tomaron fotos, algunas de las cuales Lindsay me muestra orgullosa de su trabajo; es impresionante lo que puede hacer el maquillaje. A eso de la 5 p. m. regresaban a las residencias en el Santafé, Juan era desmaquillado y recuperaba su habitual indumentaria. Después, cada uno para su casita.
La rutina sabatina se repitió en diferentes centros comerciales, Unicentro, Hacienda Santa Bárbara, Bulevar Niza. Ya existía tal confianza entre ellos, que Juan le hacia costosos regalos a Lindsay.
CONTINUARÁ......



