Hace 5 días, 06:30 AM
(Última modificación: Hace 5 días, 10:37 AM por MAN23062026.)
Seguramente la primera vez que usted vio una mujer trans fue en la pornografía. No es la excepción. De hecho, la Argentina, Brasil y Colombia son los países que más buscan pornografía trans a nivel mundial
De la lujuria a la estupefacción, quizás pasando por la confusión, esas imágenes explícitas probablemente despertaron en usted nuevos deseos y fantasías.
Muchos lo dejan ahí. Se convierten en espectadores eternos de las conocidísimas páginas rosadas en estos foro, fastidiosos profesionales en redes sociales o tippers de chicas WC. Con seguridad su deseo no irá más allá de la pantalla.
Otros cruzan la ''frontera'', el ''tabú'', lo ''prohibido'', el ''fetiche''; términos ridículos que no hacen sino estigmatizar otra forma más de habitar el cuerpo humano. Esta
ilusoria línea la atraviesa, seguramente, pagando por un servicio sexual. Esto tampoco es algo raro. En efecto, los mejores datos que tenemos indican que 2 de cada 3 mujeres trans, por razones diversas pero principalmente en razón de la exclusión, han recurrido a la prostitución.
De este hecho deriva que existan espacios como estos, sean físicos o virtuales, en los que el cuerpo (y no solo el de las mujeres trans), se convierta en un objeto mercantil. Un objeto al que se le puede poner una nota, un objeto al que se le puede poner un precio.
No hay cifra mundo que haga de alguien disfrutar de los efímeros 15 minutos con usted. No es un logro pagar por intimar con alguien en precariedad. Antes de mirar las caderas o copas de la persona que tiene frente a usted, mírele a los ojos.
Otro mundo es posible. Existir es resistir.
De la lujuria a la estupefacción, quizás pasando por la confusión, esas imágenes explícitas probablemente despertaron en usted nuevos deseos y fantasías.
Muchos lo dejan ahí. Se convierten en espectadores eternos de las conocidísimas páginas rosadas en estos foro, fastidiosos profesionales en redes sociales o tippers de chicas WC. Con seguridad su deseo no irá más allá de la pantalla.
Otros cruzan la ''frontera'', el ''tabú'', lo ''prohibido'', el ''fetiche''; términos ridículos que no hacen sino estigmatizar otra forma más de habitar el cuerpo humano. Esta
ilusoria línea la atraviesa, seguramente, pagando por un servicio sexual. Esto tampoco es algo raro. En efecto, los mejores datos que tenemos indican que 2 de cada 3 mujeres trans, por razones diversas pero principalmente en razón de la exclusión, han recurrido a la prostitución.
De este hecho deriva que existan espacios como estos, sean físicos o virtuales, en los que el cuerpo (y no solo el de las mujeres trans), se convierta en un objeto mercantil. Un objeto al que se le puede poner una nota, un objeto al que se le puede poner un precio.
No hay cifra mundo que haga de alguien disfrutar de los efímeros 15 minutos con usted. No es un logro pagar por intimar con alguien en precariedad. Antes de mirar las caderas o copas de la persona que tiene frente a usted, mírele a los ojos.
Otro mundo es posible. Existir es resistir.


