Hace 2 horas
Hola. Soy un hombre de 45 años, de Medellín, Colombia. Estaba con unos amigos tomándome unos tragos; ya eran las 2 a. m. Decidí bajar para la casa y tomé por la Avenida Girardot. Cuando fui a pasar la calle, veo que se acerca una transexual. La miro rápidamente y le digo:
—Hola, ¿cómo estás?
Ella me dice:
—Hola.
Decido pasar la calle y le digo:
—¿Vamos a culiar?
Y me dice:
—Claro que sí.
Y tan de buenas que a diez pasos estábamos en un hotel. Pregunté cuánto vale, pedí los condones y subimos.
Al principio, algo tímida; la verdad, le pagué 50 barras. Y como muchas de las escort, empiezan a pedir más dinero. Decidí darle 50 más, y se quitó toda la ropa y sacó ese pene grande. Me empezó a tratar mal, pero a mí me gustaba: me decía «estúpido, mámame la verga», y yo obedecía. La verdad, no recuerdo cuánto pasé mamando la verga.
Cuando me dice «te voy a dar por ese culo», yo le dije:
—No, espera, soy activo.
Entonces me dijo:
—Tírate a la cama —y me empujó.
Me insultaba cada rato, me cogió la verga fuerte y se montó en mi verga parada. Qué rico se movía. Gritaba «me duele, malparido», y yo le daba más duro. Pero era raro, porque ella me insultaba y yo le decía que la amaba, y eso como que más la excitaba. Tenía una verga que saltaba delicioso mientras le daba por su culo.
Cuando me dice que se tiene que ir, yo le dije:
—No te vayas, amor.
Le di otros 50 y se puso en cuatro. Y como me estaba sacando mucho dinero, le empecé a dar con rabia por ese culo. Ella decía «malparido, me duele», y yo le decía «¿para qué eres tan puta?», y empezaron a gustarle los insultos. Yo no eyaculaba. Le di mucho por ese culo; la tenía dura, parada y morena. La cogí de esa cintura y qué rico, hasta que me acordé de que era tarde y decidí correrme en ese culo delicioso. Recogí mis cosas y me fui. Pero qué rica experiencia.
—Hola, ¿cómo estás?
Ella me dice:
—Hola.
Decido pasar la calle y le digo:
—¿Vamos a culiar?
Y me dice:
—Claro que sí.
Y tan de buenas que a diez pasos estábamos en un hotel. Pregunté cuánto vale, pedí los condones y subimos.
Al principio, algo tímida; la verdad, le pagué 50 barras. Y como muchas de las escort, empiezan a pedir más dinero. Decidí darle 50 más, y se quitó toda la ropa y sacó ese pene grande. Me empezó a tratar mal, pero a mí me gustaba: me decía «estúpido, mámame la verga», y yo obedecía. La verdad, no recuerdo cuánto pasé mamando la verga.
Cuando me dice «te voy a dar por ese culo», yo le dije:
—No, espera, soy activo.
Entonces me dijo:
—Tírate a la cama —y me empujó.
Me insultaba cada rato, me cogió la verga fuerte y se montó en mi verga parada. Qué rico se movía. Gritaba «me duele, malparido», y yo le daba más duro. Pero era raro, porque ella me insultaba y yo le decía que la amaba, y eso como que más la excitaba. Tenía una verga que saltaba delicioso mientras le daba por su culo.
Cuando me dice que se tiene que ir, yo le dije:
—No te vayas, amor.
Le di otros 50 y se puso en cuatro. Y como me estaba sacando mucho dinero, le empecé a dar con rabia por ese culo. Ella decía «malparido, me duele», y yo le decía «¿para qué eres tan puta?», y empezaron a gustarle los insultos. Yo no eyaculaba. Le di mucho por ese culo; la tenía dura, parada y morena. La cogí de esa cintura y qué rico, hasta que me acordé de que era tarde y decidí correrme en ese culo delicioso. Recogí mis cosas y me fui. Pero qué rica experiencia.



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